La ves pasar con cierto aire de reina, acompañada del buen mozo de su marido y sus graciosos y cordiales chicos, y te preguntás de dónde le habrá nacido la suerte. Imaginás, además, que ella ha triunfado en su profesión porque es la amante secreta del director de la compañía o porque maneja la intriga de los ascensos con verdadera astucia.
Sin embargo, es más simple: esa mujer que llegó es una luchadora activista de la vida. Se maneja con algunas normas fundamentales que pasamos a enumerar.
La acción
Trabaja incesantemente, se levanta una hora antes que los demás, se ocupa personalmente de lo que le interesa. Jamás se permite la indolencia. Aunque parezca un contrasentido, luce serena porque no carga con la culpa de los trabajos incompletos. Cumple a la perfección el mandato oriental: No pienses, hazlo. Su actividad constante pero no apresurada le da excelentes dividendos porque le permite producir en mayor cantidad y calidad que los demás.
La concentración
Haciendo una pizza, enseñando matemáticas a sus hijos, resolviendo un balance o haciendo el amor, no se distrae. Saca un mayor beneficio de cada uno de sus actos porque los disfruta a pleno.
Sin culpas
Desconoce las culpas, por lo tanto lleva en sí el sello de la alegría. No se justifica ante sí misma y ante los demás argumentando que debe dejar a sus hijos al cuidado ajeno, porque trabaja por necesidad. Ella trabaja porque le gusta y sin extrañar a sus hijos, a los cuales les brinda su potente amor bien dosificado.
El poder
Llega a los puestos ejecutivos porque le importa el resultado de sus tareas y no el dominio que puede ejercer sobre los demás. Está convencida de que su único poder es el de los conocimientos y su constante búsqueda de perfeccionamiento humano. Es respetada porque se le reconoce talento, ubicuidad, falta de soberbia y una dignidad que jamás confunde con orgullo.
Sin estridencias
Es absolutamente elegante en sus actos, modales y vestimenta, por lo tanto no hace alardes. Por su proverbial discreción y cierta ingenua modestia, jamás pasa desapercibida.
Ética
Tiene una escala de valores morales que acata con naturalidad. ¿Qué hombre enamorado, qué jefe paranoico, qué amiga sensible pueden dejar de brindarle toda su confianza?
Valentía
Dice su verdad aunque a veces provoque cierto malestar: está dispuesta a afrontar las consecuencias de sus actos y palabras. Cuado se equivoca, lo reconoce incluso delante de aquél que puede ser considerado su enemigo. Esta mujer, en general, no tiene enemigos, una vez que la conocen.
Adaptabilidad
Los percances de su hogar o su profesión (ella también se equivoca) la encuentran bien dispuesta. Tiene una poderosa imaginación que le permite comprar adornos de excelente buen gusto a bajo precio o planificar unas vacacines familares modestas, pero sumamente divertidas. Descubre lugares insólitos.
Generosidad
Es dadivosa en sus afectos, en sus enseñanzas, en su colaboración, pero no llega a la petulancia del derroche. A cada uno lo suyo, sin exagerar sus demostraciones para ser querida por todos. Puede aceptar que no lo hagan sin inmutarse.
Entereza
Jamás fatiga el oído de los demás con sus lamentaciones: sabe que el triunfo y el fracaso son las dos caras de una moneda. En consecuencia su marido, sus jefes, sus subordinados, sus amigos y hasta sus hijos adolescentes buscan su compañía para encontrar sosiego, optimismo y empuje.
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